Cuando caminas por la calle, puedes caminar conscientemente –eso es lo que Buda dice que uno tendría que hacer- estás alerta, en lo profundo estás atento a tu caminar, estás consciente de cada movimiento. Estás consciente de los pájaros que cantan en los árboles, del sol temprano en la mañana atravesando los árboles, de los rayos que te tocan, de la tibieza, del aire fresco, de la fragancia de las flores recién abiertas. Un perro empieza a ladrar, un tren pasa por delante, respiras… lo estás observando todo.
No estás excluyendo nada de tu estado de alerta; estás absorbiéndolo todo. La respiración penetra, la respiración sale… estás observando todo lo que sucede. No es concentración, porque en la concentración te enfocas en una cosa y te olvidas de todo lo demás. Cuando te estás concentrando no escuchas el zumbido de las abejas o el canto de los pájaros; sólo verás aquello en lo que te concentras.
La concentración consiste en reducir tu conciencia a un punto. Es buena para lanzar una flecha: tienes un blanco y tienes que ver sólo el blanco y olvidarte de todo lo demás. Pero cuando hablo de conciencia no se trata de la conciencia que se necesita para que la flecha dé en el blanco. Hablo de un fenómeno totalmente diferente: Una conciencia difusa, no concentrada, porque la concentración es agotadora, tensa, y tarde o temprano caerás en la inconsciencia. Cualquier cosa que canse no se podrá mantener por mucho tiempo.
La conciencia tiene que estar relajada: tiene que ser el equivalente a una apertura. Tú simplemente estás abierto a todo lo que está sucediendo. Te estoy hablando, y el tren pasa cerca, y los pájaros cantan a lo lejos… y tú estás consciente de todo ello. Estás abierto a todas las dimensiones de tu ser. Simplemente estás abierto y vulnerable, alerta, no dormido. Esto es consciencia, y su opuesto es la inconsciencia: no estás abierto en absoluto, estás cerrado.
Tú no puedes ser sabio a menos que te vuelvas consciente, a menos que rompas con este viejo hábito de funcionar de manera inconsciente. Tienes que dejar de ser un autómata.
Hay cosas simples para aprender el truco. Por ejemplo, siempre caminas de prisa. Empieza a caminar despacio. Tendrás que estar alerta. En el momento en que pierdas la atención empezarás nuevamente a ir de prisa. Estos son pequeños recursos: Camina despacio, porque al hacerlo tendrás que estar consciente. Una vez que pierdes la consciencia, el viejo hábito te atrapará inmediatamente e irás de prisa.
Duele aceptar que “estoy inconsciente”, pero el primer acto de un ser consciente es aceptar que “estoy inconsciente”. La misma aceptación dispara en ti un proceso.
Osho
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