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| michaela metesová |
Entrevista a Agustí Fernández
En 2001 empezaste a dar clases de improvisación en el ESMUC, la primera vez que se daba esta asignatura en el Estado. ¿Qué es lo que intentas, y cuáles son las primeras lecciones que le das a tus alumnos?
A los alumnos les digo que intento que toquen su instrumento, e intento posibilitar que descubran y toquen lo que quieran, no lo que les dicen que tienen que tocar, y esto es un proceso largo porque la mayoría de veces no saben qué quieren tocar. Es un proceso descubrir cuál es la música que llevan dentro, porque a veces está un poco oculta por las capas de otras músicas que tienen que estudiar para ser competentes en el oficio, y yo lo que intento es quitar estas capas y descubrir que si a uno le gusta hacer una determinada música, pues que la haga, no hay ningún problema. Lo que no quiero es que mis alumnos toquen como yo, porque esto sería muy aburrido y falso. Intento que cada uno encuentre su voz. Pero sí que hay una serie de premisas, ideas, de prácticas que hacemos en clases, que les ayudan a descubrirse y a que tengan herramientas por si quieren seguir trabajando la improvisación en el futuro. Esto es lo único que hago. Explicarles que el mundo de la improvisación existe, porque es algo que la mayoría no sabe. Y bueno, tienen un conocimiento de la historia de la música muy limitado que con suerte acaba en el siglo XX o en 1950. Eso está muy bien, y Charlie Parker era muy importante, y Debussy también, no lo niego, pero hoy hay otro tipo de músicos, que hacen otro tipo de música que es el equivalente a lo que hacía Parker en los años 50 y se llama improvisación libre. Tú mismo. Simplemente es información para que lo sepan, para que no sean unos ignorantes musicales de su propia época.
“Las cosas pasan, hoy vestimos diferente a cómo vestíamos hace cien años. La música cambia porque cambia el mundo, es un reflejo de este cambio. No temo por la música, las personas siempre tenemos ese deseo de hacerla, de reunirnos, estar juntos y compartir un momento muy especial a través del directo. Yo tengo la esperanza de que no va a desaparecer porque es consustancial al hombre”.
Quizá esta aceptación tranquila del cambio y su relativización del pasado explique que su obra se actualice y tenga tantas caras. “Es la curiosidad. Empiezo muchas cosas con un ‘y si’, ‘y si pruebo’, ‘y si pongo una bailarina’. Esto me lleva a experimentar continuamente. Por otro lado, no soy nada fetichista ni de adorar el pasado. El pasado ha pasado y estuvo muy bien, pero el presente es muy diferente. No puedo tocar lo mismo que tocaba hace 10 ó 20 años, estaría mintiendo, porque soy otra persona. Físicamente, mentalmente, espiritualmente, políticamente…Todos los revivals esos, no me los creo. No creo en la tradición rígida e inamovible, la tradición bien entendida está para desvirtuarla, para jugar con ella. Y así se actualiza.”
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