La “gente de flujo”, en definitiva, sería aquella que logra disfrutar de situaciones que otros encontrarían insufribles y convertir condiciones objetivamente adversas en experiencias subjetivamente agradables. Tal vez la característica primordial de estas personalidades consista en no ser conscientes de sí mismas o en tener un propósito firmemente dirigido que apunta hacia fuera del propio yo. Contar con la autoconfianza necesaria para poder concentrar la energía psíquica en algo diferente de uno mismo da la libertad para observar y analizar el entorno, y descubrir en él nuevos retos para la acción. Bertrand Russell sintetizó con precisión lo que constituye construir una personalidad autotélica: “Gradualmente aprendí a ser indiferente a mi yo y mis deficiencias; centré mi atención cada vez más sobre los objetos externos”.
Resumen del libro Flow, del psiquiatra Mihaly Csikszentmihalyi, en la página siguiente.



